Aunque puedan parecer procedimientos similares y ambos busquen lo mismo, una mejor definición de la región cervical y mandibular, los riesgos, los principios tras cada uno de ellos y los resultados son muy diferentes.
En la liposucción cervical lo que se realiza es, mediante el uso de cánulas, extraer parte de la grasa que existe a nivel del cuello. Anatómicamente, distinguimos dos compartimentos en los que se acumula la grasa, separados ambos por el músculo platisma: preplatismal y subplatismal. El compartimento preplatismal o subcutáneo es el que menos crece con la edad según se ha comprobado en estudios científicos y es, por tanto, el que menos influye en el proceso de envejecimiento. Se trata de un compartimento, ligado más al peso del paciente, y por tanto sí aumenta su grosor en pacientes obesos.
El compartimento subplatismal, es el que aumenta más en su volumen con la edad, haciendo que, junto con la pérdida de tensión del músculo platisma y el descolgamiento (ptosis) de las glándulas salivares submandibulares, sea responsable de la pérdida de definición del ángulo cervical y la aparición de la papada. Sin embargo, en este plano anatómico encontramos también estructuras vitales, como la vena yugular externa, la vena yugular anterior , la arteria y vena faciales o el nervio marginal, responsable de la movilidad del labio inferior. Por este motivo, el uso de cánulas en este plano sin visión directa de estas estructuras, que es el que más debe tratarse si se quiere conseguir un gran resultado, es arriesgado y difícilmente igual de completo que la cirugía, ya que con la liposucción, en ningún caso se actúa sobre las glándulas submandibulares o se mejora la tensión del platisma.
Por esto, si un buen lifting cervical debe tratar cuatro puntos (grasa subplatismal, tensión del músculo platisma, glándulas submandibulares y el exceso de piel), la liposucción solo tiene efecto sobre uno de ellos.