En ocasiones se trata de cirugías complementarias. Muchos pacientes que presentan una clase II (mandíbula pequeña) presentan también un mentón poco desarrollado, y lo contrario ocurre también con pacientes con clase III (mandíbula grande en relación al maxilar). En estos casos se recomienda asociar una mentoplastia a la cirugía ortognática para conseguir un resultado perfecto con una relación nariz-maxilar superior-mandíbula-mentón ideal.
Sin embargo, hay pacientes con buena relación maxilar-mandíbula (clase I) que presentan mentones excesivamente prominentes (especialmente poco estético en mujeres) o demasiado poco desarrollados (menos estético generalmente en hombres). En estos casos recurrimos a una mentoplastia sin necesidad de cirugía ortognática para tratar exclusivamente aquello que es un problema.
Pero seamos realistas: algunos especialistas, a veces, intentan tratar solo con mentoplastias mandíbulas poco desarrolladas para evitar una cirugía ortognática (dada su mayor complejidad, falta de formación, necesidad en muchos casos de ortodoncia y mayor tiempo de preparación). Esto puede partir de una decisión del cirujano sin informar al paciente, algo que no debería ocurrir.
En otras ocasiones son los pacientes los que se decantan por una mentoplastia obviando una cirugía ortognática aunque potencialmente puedan ser candidatos, buscando un camuflaje de su situación acortando tiempos de preparación y recuperación. En mi opinión, siempre y cuando el paciente conozca los pros y los contras y sea informado correctamente de cuál es el potencial de cada procedimiento, debe ser él o ella quien tome la decisión final adaptada a su situación.
Por esto es importante ser valorado por un cirujano bien formado, con conocimientos y experiencia en realizar ambos procedimientos y que dedique tiempo a explicarte correctamente todas tus opciones.